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Femicidios en Argentina 2019

Desde el 1 de enero hasta el 31 de agosto de 2019 se contabilizaron 178 feminicidios en todo el territorio argentino, lo que representa un asesinato cada 32 horas.

El 65% de los crímenes fueron cometidos en la vivienda de la víctima.

Las cifras son alarmantes y observamos un recrudecimiento de la violencia producto de la terrible crisis económica que estamos viviendo”

En un altísimo porcentaje, los hombres son atacados por extraños o por hombres de fuera de su círculo familiar, por razones asociadas a disputas en los negocios, por riñas callejeras, como resultado del crimen organizado o de los conflictos políticos. La situación es completamente diferente en el caso de las mujeres. Se estima que cerca del 70% de los homicidios de mujeres en el mundo es cometido en el contexto de las relaciones de pareja, familiares o por violencia sexual. Asimismo, las mujeres son las principales víctimas de los eventos de “homicidio-suicidio”. Es decir, las mujeres son asesinadas por razones asociadas a su condición de género o por hombres cercanos movidos por un sentido de control y dominio sobre ellas.

¿Es posible imaginar mundos y condiciones que les permitirían a las mujeres vivir libres de toda forma de violencia? ¿Es posible imaginar una sociedad sin femicidio?

El concepto de femicidio hace referencia al asesinato misógino de mujeres por parte de hombres de sus familias, por parejas o exparejas, por atacantes sexuales −conocidos o desconocidos−, cuando los cuerpos de las mujeres son cosificados, usados como trofeos, como instrumento de reivindicación del “honor” o de venganza entre hombres. El femicidio expresa de forma dramática la desigualdad de relaciones entre lo femenino y lo masculino y muestra una manifestación de dominio, terror, vulnerabilidad social e incluso de impunidad.

El femicidio, es la manifestación extrema de la violencia contra las mujeres, y está sostenido por una estructura de poder desigual de carácter social y generalizado, entre cuyos argumentos figuran que son asuntos personales, familiares o privados, y demuestra las relaciones desiguales de poder entre los géneros, de dominación y privilegio entre mujeres y hombres en la sociedad.

La tolerancia tiene un fuerte efecto en la naturalización, normalización e invisibilización de la violencia contra las mujeres, creando condiciones personales, sociales y culturales de gran peligrosidad y vulnerabilidad.

La erradicación de la violencia de género debería ser política de Estado, y la aspiración debe ser la construcción de sociedades más justas e igualitarias. Se necesita una fuerte inversión en recursos de todo tipo si se quiere tener algún efecto positivo en la disminución de esta violencia.

Es necesario iniciar procesos para transformar las normas tradicionales de género y fomentar un rechazo constante a la construcción de  masculinidades tóxicas, es decir, las asociadas al control, al honor, a la propiedad y a la violencia. Para esto es muy importante también combatir los tradicionalismos y los fundamentalismos religiosos, culturales, históricos, que demandan un estricto apego a las jerarquías entre los géneros y el control por parte de los hombres sobre los cuerpos de las mujeres, de los recursos materiales y simbólicos y de la toma de decisiones en la familia y la sociedad.

Seguimos gritando Ni Una Menos y seguimos exigiendo más y mejores políticas públicas, que la erradicación de la violencia de género sea política de Estado, para impulsar acciones que puedan frenarlaterminar con la desigualdad de género que se lleva cientos de vidas por año, en un país en el que muere 1 mujer cada 32 horas.

COMISION DIRECTIVA

SOCIEDAD DE MEDICINA RURAL

40 AÑOS DE HISTORIA (1979 – 2019)

Comunicado versión pdf

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